Recuperando tesoros

Recuperando tesoros

Recuperar: un verbo de lo más sugestivo. Recuperar viejos discos, aquel libro… el contacto con mi amigo, las ganas de cocinar… de salir…

Y es que recuperar espacios personales perdidos es una de las formas de recuperación más trascendente que hay.

Las clases de interpretación animan a reconciliarse con unos cuantos de los prisioneros que tenemos encerrados en nuestro armario particular: el niño, el salvaje, el emotivo, el payaso…

Los ejercicios de memoria sensorial y emocional animan a recuperar la memoria de las cosas en general vividas, como no, pero también nos devuelven los misteriosos e inapreciables vínculos que establecimos en el pasado con respecto a objetos, lugares y personas. Son elementos-talismán, que en su día fueron depositarios de valores especiales, equivalentes al rango de tesoros y que nos conectan hoy con algo particular de nosotros, donde reverbera lo bello, lo fantástico, los sueños…

Un simple agujero en la tierra, a la sombra de un árbol, fue el teatro de operaciones de los soldados de mi hermano y los míos durante múltiples veranos… escenarios de la fantasía, donde lo pequeño se vuelve inconmensurable. Mi padre, que era la persona más golosa que he conocido, cuando se convirtió en diabético, traía bandejas repletas de pasteles a casa, y se quedaba observando con fascinación y nostalgia cómo los engullíamos sus tres hijos… son diapositivas que por sí solas iluminan espacios importantes del ser… Después, en la adolescencia, el caótico cuarto de mi amigo Jorge,-que olía a mochila vieja y colillas- y que convertimos en laboratorio de todo tipo de experimentos creativos y disquisiciones existenciales o amorosas… lugares que han forjado lo que uno es hoy…

Recuerdo el día que me soñe en Londres, antes de conocerlo, y fue como si me hubiera introducido mágicamente, al otro lado del vinilo, en un disco de los Beatles. Luego, cuando lo visité por primera vez, en un día soleado, no podía apearme de la sensación de estar repitiendo las magnéticas imágenes con que había soñado.

Una alumna que acaba de empezar hace poco en interpretación, pero que anhela ser actriz, me cuenta que “se” ha soñado trabajando en una película. Lo contaba con escuetas palabras y sin embargo transmitía el goce de una visita al paraíso… La comprendo plenamente.

Todas esas imágenes, esos rincones, esas sensaciones, conforman el tesoro de nuestra identidad más irrenunciable. Pienso en ello y me conjuro para trabajar cada día, en mis clases, sin encono, pero con determinación, en recuperar junto a mis alumnos los preciados lugares y objetos que en la batalla de la realidad quedaron en el olvido.

Jordi David

www.elalmaden.com

No Comments

Post A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.